Jueves. Día noveno del mes de Febrero del año dos-mil-doce, y dentro de veinte minutos será Viernes otra vez.
Ahora tengo el estómago vacío de torta, y en la nevera oxidada de mi casa aún hay otras dos: una de chocolate y la otra tampoco.
Parece ser que el hecho... de haberme... [del verbo haber...]
(Es jodiendo... Retomo): Parece ser que el hecho de haberme "ensotado" en mi habitáculo a comerme aquel libro me ha costado el consumo de bastante tiempo que pudo ser aprovechable lavando loza, según el precepto de mi muy amada progenitora. Puede que tenga razón... pero gracias a "Ella" -como siempre- me apetece una vez más un poco de crecimiento personal, por lo que he decidido obedecerle y volver a coger un puto libro. Y parece que esto de las letras no duele... Quizá también más tarde me apetezca escribir... De repente, noto que lo estoy haciendo y parece ser que ahora escribo para ella... tal vez en su honor, aunque no esté su nombre escrito aquí...
Parece ser que, no siempre, las polas son el mejor plan...
¿Parece ser?... Esta vez, definitivamente he descubierto que nunca son el mejor plan... Y parece ser que me había estado engañando a mí mismo todo este tiempo acerca de lo que significa disfrutar salir con una chica. Iba a descubrir qué se siente tener una cita.
Su aparición en mi vida es un milagro que nunca imaginé... Quizá lo noto ahora que, parece ser, en mi caverna últimamente la atmósfera se torna un poco distinta... y, tal vez, yo también me noto algo cambiado; sin embargo, me inquieta más la caverna: esa triste atmósfera a pecueca y cigarrillo parece haberse largado para siempre de mis aposentos. Ya no me desagrada lo que ahora respiro...
¡No! ¡Esperen! Parece ser que nuevamente me equivoco. Se trata más de un éxtasis inenarrable generado por aquello que, parece ser, aún respiro...
Cierro los ojitos, arrugo mis ñatas y percibo: (Snif... snif...snif...). ¡Ooohhh, Sí!...
¡¡¡Es "Ella"!!!
Huele aún mi ropa a su abrazo cálido y aún siento su beso sobre este rostro pálido que en estos días sólo huye del hermano Sol.
Todavía huele a café con leche, de ese que preparan en aquellas panaderías románticas de la esquina donde me atracaron.
He traído conmigo el aroma a Shampoo "Nosedecuál" que perfuma su cabello.
Aunque no está aquí conmigo, y nunca lo estuvo, huele a ella mi caverna... Y ahora siento que ya no soy yo... Me transformo. Ahora sólo deseo que Ella esté aquí conmigo y que se quede para siempre. Y que para siempre huela a Ella mi caverna.
Pero parece ser que tal vez sólo podré conformarme con respirar por última vez (antes que muera) el recuerdo de aquel Lunes. El último Lunes de mi vida hasta la fecha. Mi Lunes favorito hasta hoy, cuya fecha ocupará el Hall of Fame de fechas memorables y favoritas "Deste Pesho" para siempre... ¡Para siempre! (aún cuando nuestras vidas carezcan de tal condición).
Gracias a Ella, torpemente estoy intentando escribir con kilométrico negro, pero parece ser que ahora lo estoy haciendo más lento, y lo noto porque ya es Viernes: el reloj me está avisando que son las cero-cero horas y cinco minutos del décimo día del mes de Febrero del año dos-mil-doce y que aún sigo sin terminar este relato.
Podrá ser muy viernes y todo lo que usted quiera, pero aún en mi memoria afectivo-olfativa huele a lunes de abrazos con sabor a café con leche de panadería romántica. Y sigo escribiendo lento... sin culminar mi relato... aunque, para ser sincero, parece ser que apenas lo estoy empezando...
Íbamos en que todavía mi nariz percibe, le gusta y quiere que huela a Ella... Pero parece ser que mis labios también empiezan a desearla.
Su aroma sólo me hace desear dispararle un beso, pero parece ser que sólo me será posible conformarme con inhalar su recuerdo... Aún así, sigo escribiendo para Ella con kilométrico negro, sin tapa y aún sigo sin culminar... de pensarla.
Parece ser que, para poder disparar, requiero de ciertas modificaciones en Mi Persona [1]. Ahora el deseo inocente o no de robar (o dar) un beso me llena la cabeza de voluntades y buenas intenciones. Me llena de razones para ser mejor persona o por lo menos transformar aquella atmósfera de pecueca y, de ese modo, poco a poco irme transformando en una. Ella me enseñó que hay mucha gente, pero personas pocas.
So las cero-cero horas, veinte-y-tres-a-eme de-la-ma-ña-na y aún no acabo de escribir en Ella ni de pensar este relato...
Pienso en qué puede hacer un hombre para agradarle a los "suegros en potencia" [Si usted sabe cómo, déjeme un comentario].
Son las cero-cero horas, cuarenta-y-un-mi-nu-tos a-eme de-la-ma-ña-na-nana-na-na-na... tra la lá....
Parece ser que ya acabé.
[1]Mi Persona: Otro de los habitantes de mi cuarto, menguante y creciente.



Gracias por compartir tus anécdotas. Todos las hemos vivido con alguna diferencia. A veces pienso que eres un enviado de Dios que vino a enseñarnos el valor de amar. Y se nota que la amas. Cárlos Valencia. Galicia - España. Namasté, profeta.
ResponderEliminar